<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%>EDUCACION DE LOS PERROS
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EDUCACIÓN DEL CACHORRO

Para que un cachorro sepa dónde están los límites de su actitud, hay que hablarle en su idioma, ser coherente en los mandatos y no prohibirle hoy lo que ayer le permitíamos. A continuación algunos datos para empezar con una educación responsable.

1. Comer y no pedir más
Si merodea alrededor de la mesa y descubre que esa actitud le puede suponer un bocado extra, no dejará jamás de hacerlo. Para que un perro no se pase la vida solicitando más comida, habrá que ser firme e impedirle estar presente durante la comida de sus amos. Un trozo de carne de regalo solo logrará aumentar su ansiedad y maleducar sus costumbres.

2. Gruñir y callar de inmediato
Ya desde los primeros meses de vida, el perro intenta imponer su dominio mediante el gruñido. Es entonces cuando hay que reconducir su carácter y dejar en claro quién es el jefe. De lo contrario, se convertirá en un adulto consentido y gruñón. ¿Cómo lograrlo? Regañándole severamente y no mostrar temor ante su amenaza. Jamás se debe utilizar el castigo físico, pero se puede tomar al perro en forma suave por detrás de cuello y remecerlo de forma de mostrar autoridad.

3. Morder y aprender a no hacerlo
Jugar y morder son actos totalmente normales en un cachorro. El problema surge cuando esos pequeños mordiscos dejan de serlo y se convierten en signos agresivos que provocan dolor al dueño. En ocasiones los cachorros muerden porque han sido separados de su madre y sus hermanos muy pronto, con lo que no han tenido la oportunidad de jugar y morder con naturalidad. Cuando esta actitud denota agresividad, la corrección debe ser inmediata, y ésta pasa por pronunciar un "no" severo, practicar ejercicios de autoridad y, llegado el caso, demostrar, con una cachetada seca pero suave en el lomo o el hocico, que con la boca no se juega, y con los dientes, mucho menos. Conviene señalar que cualquier incitación a la pelea o juego sucio se traducirá en una actitud futura con tendencia a la agresividad.

4. Jugar y respetar otros objetos
Todos los cachorros se han apoderado en alguna ocasión de unas zapatillas o un oso de peluche. No hay que recriminarles por ello, pero sí enseñarles que sólo pueden jugar con sus propios juguetes. Lograrlo es fácil: cuando se apoderen de algo prohibido, el amo se lo quitarán de la boca pronunciando un enérgico "no". Después ofrecerle alguno de sus juguetes y dedicarle unos minutos de juego. Los cachorros necesitan morder objetos para calmar las molestias de dentición propias de su edad, y hay que ofrecerles juguetes adecuados. De lo contrario, se apropiarán de lo primero que vean. Pero jamás hay que darles objetos ya desgastados, también evitar los juguetes caninos parecidos a objetos o alimentos del hogar.

5. Hacer las necesidades y saber dónde
Este proceso de educación requiere grandes dosis de paciencia. Cuando quiera orinar hay que llevarlo al lugar adecuado (una caja con arena o aserrín, un pedazo de papel o tierra en el jardín) y felicitarlo si actúa correctamente. Evidentemente no siempre será posible, y resulta fundamental tener paciencia durante el proceso de educación, puesto que la recriminación resulta contraproducente: cuando tenga ganas de defecar sentirá miedo y no podrá controlarse, con lo que el proceso de educación se complica. El viejo y desagradable truco de restregarle los excrementos por la nariz es inapropiado y no surte efecto. Los cachorros reincidentes aprenderán más rápidamente si en la zona donde orinan o defecan desaparecen todos los olores que le invitan a hacerlo. Para ello hacer muy bien el lugar pero cuidando de no poner elementos tóxicos o dañinos para su piel.

6. Descansar y jamás hacerlo en el sofá
Los cachorros siempre intentan imitar lo que hacen sus dueños, y si éstos se sientan en el sofá o se acuestan en la cama, ellos querrán hacer lo mismo. Además cuando descubren lo confortable que resulta dormir en el sillón, se olvidarán de su propia cama. Si en un descuido el perro logra subirse a un lugar prohibido, hay que bajarle de inmediato, reprochárselo sin contemplaciones, no hacerle caso durante unos cinco minutos, y después, levantar el castigo y acariciarlo ¿Qué se logra con esta actitud? Hacerle comprender que la autoridad no está reñida con el cariño.

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